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El Autismo En Tiempos Del COVID-19

Días atrás Héctor y su hijo de 9 años saltaron a las calles  para dar un paseo. La ciudad estaba vacía, sus vecinos cumplen la cuarentena por el COVID-19. Sin embargo, al ver a los dos transeúntes rápidamente salieron a los balcones. Los insultos no tardaron en llegar. Pero, había algo que no sabían: el pequeño padece autismo.


Héctor no baja a la calle por gusto. Lo hace porque su hijo lo necesita. “En lo que llevamos de encierro, he salido dos veces a la calle. Mi hijo está acostumbrado a salir a diario. No solo al colegio, también a actividades extraescolares. Hace tres horas de natación semanales. Tiene que sacar toda la energía que tiene”, relata el hombre, que comenta que el niño también tiene TDAH.

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Ahora, el pequeño no puede salir a jugar todos los días. Ni ir a la escuela. Ni nadar. Tiene que quedarse en casa, donde la rutina es distinta a la previa al coronavirus. Su padre está más en casa, lo que le gusta, pero no puede estar todo el día con él. “Ahora teletrabajo y no puedo atenderlo todo el rato, al principio venía y me golpeaba el ordenador para captar mi atención. Poco a poco se va adaptando a la situación”, cuenta Héctor.


Según él, su hijo está nervioso. Desde que el coronavirus lo recluyó en casa, come más y su padre teme que acumule mucha tensión. La pandemia ha cortado todas las vías de escape del niño y necesita liberar energía. Pasear es lo único que le queda. A Héctor no le importan los insultos y saldrá con el menor siempre que lo considere oportuno y con precaución para evitar un posible contagio. Sin embargo, no todas las familias  con hijos autistas se atreven a abrir la puerta de casa.

“Conozco a familias que no salen a la calle por miedo, no al coronavirus, sino a sus vecinos”, explica Héctor.

 

Nueva Rutina

Pero pasear no lo es todo. Las personas que sufren autismo necesitan de una serie de pautas en su vida. Es un trastorno del desarrollo del sistema nervioso, que afecta a la configuración del cerebro y al procesamiento de información del exterior. Esto provoca que los que lo padecen tengan dificultades para relacionarse, para entender las normas sociales no escritas o manejarse con las emociones. Además, su comportamiento y pensamiento es inflexible y exigen un alto nivel de estabilidad en su vida, ya que les cuesta adaptarse a imprevistos y cambios.

De esta forma, la cuarentena se convierte en algo difícil de llevar para las personas con autismo. El encierro ha acabado con sus rutinas y los cambios son repentinos y constantes. “Ante esta situación, excepcional, de confinamiento, que estamos viviendo, las personas con TEA pueden manifestar altos niveles de ansiedad y estrés. Además, esta situación también afecta al resto de la familia que convive con la persona con TEA”.

Expertos recomiendan establecer unos nuevos horarios cuanto antes. Será difícil mantener la rutina anterior, por lo que se aconseja establecer una nueva.

Frente Al Coronavirus

Las características del TEA convierten a sus afectados en personas más vulnerables al encierro, pero también al coronavirus. Su dificultad para relacionarse con el resto puede hacer que no comuniquen si están contagiados o no.

Un silencio que puede agravar su estado de salud o promover la expansión del virus. Por sus circunstancias, muchas veces no lo dicen de manera directa, por lo que se debería establecer una vigilancia cercana a estos casos.

En caso de contagio, la atención sanitaria se tendría que garantizar en los domicilios, si es necesaria la hospitalización, se debería permitir ir a un familiar o a un profesional que pueda ayudar a tratar a esa persona. Solo así se le pueda dar un tratamiento de calidad.

Son personas que pueden estudiar, acceder a la universidad y al mundo laboral, lo cual debe permitir tener la misma calidad de vida que cualquier persona. Es decir que ante cualquier emergencia sanitaria también merecen las mismas oportunidades que el resto de la sociedad. Y debería ser así sin necesidad de portar pañuelos azules.

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