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Psi. Mioleth Salazar S.

Cuando con 18 años Pilar conoció a su expareja, creía que había encontrado a su Romeo. Así comienzan algunas historias de violencia de género. Esta joven que hoy tiene 25 años creció con los estereotipos de esa pareja perfecta, donde él le juró que haría cualquier cosa por conservar su amor. Y, según cuenta ella, ese fue el problema. Primero empezó a controlarle sus horarios, después se acostumbró a registrarle el móvil e intentó aislarla de su entorno. Posteriormente procedió a la bromas delante de sus amigos, Pilar formaba parte de ese porcentaje de jóvenes que cree que los celos y el control son una muestra más de afecto.

Pilar comenta “los tres primeros meses fueron bastante bien, pero después empezó a alejarme de mis amigas y de mi familia y solo podía salir si él me daba permiso”.

En ese momento, Pilar no se identificaba como una mujer maltratada porque su novio nunca le había pegado, pero sí confiesa que tenía miedo a sus reacciones: “Yo salía a las cinco y media del instituto y sabía que tenía que irme corriendo porque si a y 35 no estaba en mi casa, me esperaba una discusión”, relata la joven. Durante esos meses le dijo tantas veces que ella no valía para nada, que al final acabó creyéndoselo, según afirma hoy Pilar.

La violencia psicológica puede tomar formas sutiles no percibidas por la víctima, pero a lo largo del tiempo aseguran el control del comportamiento de la misma, a través del miedo, la dependencia y la coerción.

Es difícilmente detectable por las personas que lo sufren, incluso al principio de la relación, y el daño que provoca puede llegar a compararse con el de la violencia física al llegar a anular por completo a la persona.

¿Cómo empieza el maltrato psicológico?

Ya desde la primera fase de la relación se empieza a gestar. La persona que ejerce violencia psicológica  hace un doble juego: mientras seduce a la pareja para atraerla, empieza a manipularla de forma indirecta para influenciarla y que empiece a decidir de forma distinta a la que lo haría espontáneamente. La mezcla de seducción y manipulación, haciendo creer al otro que es libre en sus decisiones, dificulta mucho el tomar conciencia de lo que está ocurriendo.

Se trata de un proceso gradual en el que la realidad parece confusa y la persona llega a dudar incluso de sus ideas más básicas. Se va perdiendo sentido crítico y se genera dependencia de la pareja para demostrar al otro el supuesto amor que  siente.

Comienza el Control,  si bien existen relaciones en que el control es saludable (por ejemplo, el control de padres a hijos) se vuelve una práctica violenta cuando es excesivo. Existen otras relaciones, por ejemplo la pareja o la amistad, en que el control no es justificable. Por ejemplo, revisar mensajes privados o escuchar conversaciones telefónicas.

Las burlas constantes que apuntan a la descalificación y denigración  ya sea del físico o integridad de la víctima son uno de los elementos de la violencia psicológica.

En los primeros momentos la persona maltratada cede para contentar al otro. Poco a poco cede por miedo a perder a la pareja o incluso por miedo a que el otro se enfade.

¿Por qué se mantiene el maltrato psicológico?

Una vez que se consolida esta dependencia emocional  la persona que maltrata empieza poco a poco a ejercer control sobre su pareja y paulatinamente la aleja de sus amigos y seres queridos con excusas o quejas.

La persona  que ejerce violencia psicológica tiende a hablar mal de algún amigo o familiar para tratar de alejar a su pareja de ese entorno. 

Uno de los elementos más importantes de la manipulación consiste en deformar la comunicación para mantener confundida a la persona que padece la situación de maltrato.

La comunicación no es directa: el maltratador no responde a las preguntas del otro o lo hace con gestos reprobadores, niega la existencia de conflicto, rechaza el diálogo cuando proviene del otro. Requiere ser escuchado cuando quiere expresarse.

Utiliza el sarcasmo, la ironía, la burla o incluso el desprecio. El agredido percibe hostilidad pero el agresor a veces lo disfraza de broma. Descalifica la percepción del otro de una agresión verbal. Transmite mensajes contradictorios y niega haber dicho cosas que ha dicho.

El maltratador va privando al otro de su libre expresión al cuestionarle constantemente, enjuiciar o descalificar sus opiniones. Impone su autoridad con un discurso rotundo y totalitario. Es el dueño de la única verdad.

Las conductas agresivas no son constantes y se intercalan con importantes muestras de cariño.

Es importante estar alerta  en el inicio de una relación, ya que este círculo inicia en la fase de enamoramiento que se da al comenzar una relación. En esta etapa las señales de alerta son muy sutiles, comienza con la idealización y esto genera en ella una dependencia emocional.

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