Eres Tóxica(o) ¿halago o adjetivo?

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Psic. Mioleth Salazar S.

En los últimos tiempos se ha proliferado el uso del adjetivo «tóxico» para calificar a personas, generalmente para referirse a alguien que nos genera malestar, que nos resta energía, es decir, que supone una influencia negativa a la hora de vivir nuestra vida.

En estos días  las palabras “persona tóxica” son una etiqueta muy fácil de colocar cuando se habla de relaciones de pareja especialmente, ya que sitúa toda la responsabilidad negativa  en el otro. Es decir, nos facilita una causa que nos hace víctimas. Todos tenemos una persona tóxica a nuestro alrededor y creemos que  nosotros no somos nunca una persona tóxica para nadie.

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Se piensa que la toxicidad no como el resultado o como una reacción a una situación entre varios implicados, sino que  que es una característica “a priori” ya poseída por alguien. En este sentido, el que coloca la etiqueta decide ignorar que la toxicidad, en caso de existir, tiene una historia.

En primer lugar usar este término persona tóxica puede incluso normalizar ciertas conductas de violencia psicológica o maltrato, especialmente en relaciones de pareja, que a la larga usar este término en cualquier situación podría terminar encubriendo comportamientos realmente violentos que se pueden agravar en el futuro.

En segundo lugar  otro de los elementos que impone que seamos cuidadosos con la palabra “tóxica” es que no es una etiqueta puramente científica. No hay estudios de toxicidad, hay estudios de comportamientos que después se han etiquetado como tóxicos,   posiblemente se ha puesto esa arma en manos de personas que no entienden las consecuencias  de utilizarlo.

En tercer lugar, es una etiqueta reduccionista y personalizadora al máximo. Crea la ilusión de que hay una categoría dotada de cierta homogeneidad que es la «gente tóxica» que se puede aplicar, además, para caracterizar a una persona. Las emociones en las relaciones familiares o de pareja dependen de la combinación de dos personas, con sus actitudes, estados emocionales, creencias, expectativas, necesidades, valores, experiencias, aprendizajes propios.

Finalmente, es una etiqueta que se ha popularizado tanto que implica un serio riesgo de que se vuelva contra nosotros, ya que  en realidad no hay personas tóxicas, solo relaciones o comportamientos disfuncionales o violentos. Las personas participan  en dinámicas tóxicas, no es  que sean personas tóxicas.

Publicado en Opinión, Orientación y Desarrollo.